Club Yamaha Tracer

El lado oscuro te atrapa
Fecha actual Vie, 07 May 2021, 04:37

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MensajePublicado: Lun, 19 Abr 2021, 14:49 
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4 días libres por delante, y ningún plan. Ya que no podemos salir de nuestra Comunidad Autónoma, se planteaba una ocasión fantástica para ir a recorrer aquellos sitios a los que, por alejados, no solemos ir, o hemos pasado del tirón. En ese tintero de asuntos pendientes estaban la Costa da Morte desde Laxe hacia arriba, las Rías Altas y la Mariña Lucense.

La única incógnita era el tiempo, que daban agua para jueves y viernes, y frío para sábado y domingo. Pero los modelos meteorológicos eran bastante volubles y diferentes entre si, lo cual acentuaba la incógnita. A pesar de ello, quien decidió dar el paso fue Isa. Mensaje el martes 30 de marzo por la mañana: “Venga, preparamos las cosas y nos vamos a hacer esa ruta”. Ella, que lo pasa fatal en la moto con el mal tiempo. Ya veremos que su decisión fue todo un acierto.

Así que a cargar bártulos, hacer petates y el miércoles 31 de marzo, a las 17:00, a la carretera! Haríamos una primera etapa de Vigo hasta Laxe ese mismo día, para visitar al día siguiente la Costa da Morte, terminando la jornada en Cedeira. La siguiente etapa sería un recorrido por las Rías Altas, con final en Viveiro. El último capítulo por la costa lo escribiríamos por la Mariña Lucense, con pernocta en A Pontenova, desde donde iniciaríamos el regreso a Vigo el último día de viaje.

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MensajePublicado: Lun, 19 Abr 2021, 14:50 
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Día 1: Vigo – Laxe

Salimos de nuestra casa en Vigo el miércoles 31 de marzo, a eso de las 5 de la tarde. Sería un día de tramite, para simplemente situarnos en el lugar de inicio de la ruta que habíamos diseñado y ganar un día. Bueno, y porque teníamos ya ganas de salir de casa, vaya!

Equipaje mínimo, pues íbamos a pasar gran parte del tiempo sobre la moto con nuestros trajes de 4 estaciones. Con la previsión inicial de lluvias para jueves y viernes y frío para sábado y domingo, no iba a haber mucha opción de andar en ropa de calle. Así que a la bolsa solo irían mudas, neceseres y pijamas, y un mínimo de pantalón, sudadera y zapatillas para al menos estar cómodos durante las cenas. Como siempre, una maleta para cada uno, y el cofre para poder dejar la ropa de abrigo y los “gadgets audiovisuales”.

Salimos de Vigo con 30º de temperatura. Nos habíamos dejado puestas las capas de lluvia de nuestros trajes Spidi por comodidad, y nos acabaríamos arrepintiendo… pero quién lo iba a saber? Para ganar tiempo y “frescura” decidimos iniciar el viaje por la autopista AP-9; la ruta nos llevaba por esta vía de peaje hasta Santiago de Compostela, pero viendo que íbamos bien de tiempo y que estaba un día magnífico, decidimos tomar la salida de Carracedo y realizar el resto del trayecto por carreteras convencionales. La subida por la EP-8001, rápida, con buen firme y carril de lentos sirve para ir tomando el pulso a la moto, con 2 pasajeros y completamente cargada. La verdad es que cada vez que nos vemos en estas circunstancias me convenzo más del acierto en equipar el amortiguador trasero Wilbers que llevo, tanto por disfrute como por seguridad.

Para continuar con el plan inicial, una vez en Catoira debería haber seguido hacia Padrón, Rois y Negreira, pero bajando se me ocurrió una ruta mejor, más apetecible. Cruzamos desde Catoira hacia la comarca del Barbanza, por el puente que flanquea las Torres de Oeste, y tomamos la autovía AG-11 hasta Boiro. Desde allí parte una carretera pintoresca, la DP-1105, que cruza transversalmente de sur a norte la península para dejarnos en Noia, desde donde nos reintegraríamos a la ruta inicial en Negreira pasando por Ponte Nafonso, por donde cruzamos el río Tambre por su precioso puente medieval de 270 metros de longitud. En un puente de 22 arcos (2 de ellos tapados) pero que originalmente llegó a tener 27. El diseño actual data del siglo XIV, y sustituye al puente original de madera del siglo IX. Si alguna vez os acercáis por estas tierras, recomiendo encarecidamente visitar la Central Hiodroeléctrica del Tambre, diseñada por el arquitecto Antonio Palacios, así como el conjunto de casas para los empleados que la circunda.

Seguimos por la carretera hasta Negreira, villa a la entramos bajo el espectacular arco del Pazo do Cotón, una majestuosa construcción barroca del siglo XVIII que bien justifica una visita a la villa. Allí nos detendríamos a descansar un rato y tomarnos un refresco, pues llevábamos un buen rato sin parar, y por carretera no se va tan fresco como por las vías de alta capacidad. Afortunadamente, después de nuestra parada la temperatura empezaría a descender, hasta en 7º con respecto a la que teníamos en la salida. Pasamos A Baña y Santa Comba, ya por carreteras amplias, después por Zas y en un abrir y cerrar de ojos estábamos en Baio, ya al lado del mar, que vigilaría el resto del viaje.

La siguiente parada sería la Playa de Soesto, en conde nos encontraríamos con mi hermano, su chica y un amigo, furgoneteros todos ellos, que habían ido a pasar también unos días entre rutas de bicicleta, de senderismo y algo de surf. Nos tomamos una cerveza con ellos y salimos raudos hacia nuestro alojamiento, el Hotel O Náutico, en Laxe. Con todas estas cosas de la pandemia y el cierre de la hostelería a las 21:00 no teníamos muy claro cuales serían nuestras opciones para cenar, y necesitábamos saber si, al menos, podríamos comprar unos bocadillos o algo que poder comer antes del toque de queda.

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Afortunadamente, los alojamientos pueden seguir sirviendo comida a sus huéspedes más allá de las 9 de la noche, y nos quedamos más tranquilos. Nos sentamos a la mesa, pedimos unas copas de vino do RIbeiro “Ramón do Casar” y nos dispusimos a mirar la carta. Estábamos en Laxe, había que tomar pescado, obviamente. Nuestras dudas se despejaron con la recomendación de nuestro cocinero esa noche, y marido de la propietaria del establecimiento, un hombre de mar de toda la vida que sabe de lo que habla: nos enseñó una bandeja de lenguados que habían salido de la lonja tan sólo 2 horas antes. Sin duda, esa sería la elección! Pero la cosa se complicó cuando la propietaria nos enseñó otra bandeja de percebes que su marido había cogido esa misma tarde!! Y así de fácil nos dejamos seducir y tomamos una generosa ración de primero, mientras esperábamos el pescado. Ni que decir tiene que todo resultó espectacular…

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Ya cenados, y con nada que hacer por el pueblo, subimos a nuestra habitación, llenamos de agua el jacuzzi con vistas al mar, y nos relajamos un buen rato, mientras tomamos la botella de espumoso gallego con que nos había obsequiado la casa. Mucho tiempo sin salir de casa, nos merecíamos el capricho, o no?

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MensajePublicado: Lun, 19 Abr 2021, 14:55 
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Día 2: Laxe – Cedeira

El Jueves Santo, 1 d abril, era el peor día en lo relativo a la predicción meteorológica. Lluvias para todo el día en toda Galicia, no parecía haber forma de librarse. Bajamos a desayunar al cafetería del estupendo hotel que habíasmo reservado y nada más sentarnos al lado de la ventana, ya vimos que la calle estaba mojada. Pues empezamos bien…

Una vez desayunados, y aprovechando un claro, decidimos salir a dar un paseo antes de subir a la moto. No es que Laxe tenga mucho que ver, pues es un pueblín bien pequeño; pero quizás es sus dimensiones está su encanto. Como buena villa marinera tiene su puerto, chuito y recogido, y una plaza principal de casas de piedra ente las que destaca una con un arco que cubre la calle por completo. Pero personalmente, el detalle que más me gusta de Laxe es su playa, integrada en el casco urbano, incluso con sus dunas. Llegamos a la arena y sin darnos cuenta, el tiempo se detuvo por un instante. Estábamos solos, en plenas vacaciones de Semana Santa. Tal solo una persona haciendo deporte se divisaba al otro extremo de la playa. La sensación era rara, casi distópica… pero al mismo tiempo agradable.

Ya vestidos “de romanos”, nos subimos a la moto y nos fuimos a visitar la Playa de los Cristales, que nos había quedado pendiente el día anterior. Es una pequeña cala de arena multicolor, que una vez llegas, compruebas que son trozos de vidrio erosionados por el mar hasta redondearlos y dejar en la costa esa especia de cantos rodados. El vidrio proviene de un antiguo vertedero que había metros más allá, de donde el mar se encargó de recoger lso fragmentos y devolverlos a tierra, depositándolos en la que anteriormente se conocía como Areal dos Botiños, en la ensenada de Baleeira.

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De allí nos fuimos al faro de Laxe. No es que sea un faro bonito; es un cilindro de hormigón alicatado de cerámica blanca, pero su emplazamiento, como suele ser habitual en los faros, dispone de unas vistas magníficas, cerrando el extremo sur de la ría de Corme y Laxe.

Ya de nuevo en la moto, repostamos y nos dirigimos al siguiente punto de interés del día: la playa de Balarés, en el concello de Ponteceso, flanqueda por un espigón de piedra. La historia de esta playa viene de los años previos a la Segunda Guerra Mundial, pues fue el lugar donde se embarcaba en buques alemanes el wolframio extraído de la mina de Monteneme. La leyenda dice que durante esa época, las aguas de la ría estaban infestadas de submarinos alemanes, que vigilaban las labores de embarque del mineral. El comercio con los alemanes vino con una visita del embajador británico a Franco, en la que comunicó que si no cesaba la exportación de mineral, el Bloque Aliado invadiría España, entrando por Galicia. Oficialmente las exportaciones cesaron, pero los vecinos, animados por los pingües beneficios que el wolframio dejaba, lo siguieron vendiendo de estraperlo. El muelle tendría una segunda historia, cuando en los años 80 se convirtió en un punto de entrada de tabaco de contrabando, tan popular en estas latitudes.

Desde la playa de Balarés continuamos circunvalando la ría, pasando por el pueblo de Corme para acceder a la Punta Roncudo, en el extremo norte, y con un faro idéntico al de Laxe. Este lugar es la “capital mundial” del percebe; los mejores salen de aquí, a veces a un alto precio, incluso con la vida de los percebeiros, como atestiguan varias cruces que coronan las rocas del entorno. Y de ahí seguimos hacia Punta Nariga, ya en el concello de Malpica de Bergantiños, donde recibiríamos la visita de la hermana de Isa, que estaba por la zona. Allí estuvimos un buen rato de cotorreo, disfrutando de las vistas y del entorno, que corona su colosal faro de piedra; hasta que las obligaciones familiares provocaron que la hermana de Isa, junto con la amiga que la acompañaba, se tuviesen que ir, circunstacncia que nosotros aprovechamos para ir comer. Debido a que la limitación de aforo de los locales complica mucho encontrar mesas disponibles, optamos por comer en algún lugar de camino, en lugar de meternos en el centro de Malpica. Bajamos hasta las torres de Mens, que desafortunadamente son privadas y no se pueden visitar, y preguntamos a un lugareño, quien nos recomendó una parrillada, nos dispusimos a dar cuenta de una ensalada mixta un tanto vulgar, de encurtidos de bote y tomates insípidos; afortunadamente la cosa cambió con los segundos, unas generosas tajadas de rodaballlo, elección de Isa. Un acierto, sin duda.

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Faro de Laxe

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Praia de Balarés

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Homenaje a los percebeiros en O Roncudo

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Faro de Punta Nariga

Una vez comidos, nos fuimos a visitar Malpica de Bergantiños, para mi el pueblo más bonito de la Costa da Morte, por su escarpada orografía. Antes de acercarnos al casco urbano fuimos hasta el Cabo de Santo Hadrián, desde donde se obtienen unas vistas privilegiadas sobre las Illas Sisargas. Después bajamos a la capilla del santo que da nombre al cabo a estirar un poco las piernas y nos fuimos al centro. Nos entretuvimos en el puerto un rato y también subimos al mirador que, a modo de balcón, cuelga sobre el inicio del espigón.

Finalizada la visita al principal puerto bergantiñán, la siguiente parada sería en un punto ya mencionado: la mina de wolframio y estaño de Monteneme. Infelizmente, este lugar se ha hecho viral gracias a muchos “influencers”, que atraídos por sus aguas azul turquesa, se bañaban allí para poder sacarse fotos. Finalmente, las numerosas indisposiciones gástricas, respiratorias y cutáneas surgidas a aquellos descerebrados hicieron cerrar el acceso a la mina, aunque con posterioridad se volvió a abrir. Afortunadamente, parece que la lección ha cundido, y no es habitual ver a nadie dándose baños de deshechos químicos.

En el camino hacia la mina nos sorprendió un elemento a quien no habíamos echado en falta hasta el momento: la lluvia. Aprovechamos la marquesina de una gasolinera abandonada para abrigarnos, pues aunque llevábamos los forros impermeables puestos, la temperatura también había caído. Ya llegando a la mina, Isa se empezó a aquejar de molestias en la nariz, probablemente producto de las emanaciones del lugar. Yo no notaba nada… hasta un rato después, que empecé también a sentir algo en el fondo de la garganta. Vimos la mina (o lo que queda de ella, una charca de agua de color psicodélico), sacamos unas fotos y nos fuimos al punto. Tan solo alejarnos de allí y las molestias desaparecieron. La lluvia que nos había amenazado en la subida seguía sin aparecer como tal. Únicamente pequeños chaparrones escasos de agua caían de vez en cuando. Pasamos Carballo y continuamos hasta Caión, última visita del día, otro pueblo costero del concello de A Laracha, donde algunos ponen el inicio (o final) de la Costa da Morte. Tomamos unas fotos desde el mirador que cuelga sobre el pueblo y bajamos a recorrer su calles, entre las que destaca el Pazo dos Condes de Graxal. Otro aspecto destacable de Caión, que tan solo pervive en su escudo, es su tradición de puerto ballenero, industria vigente hasta el siglo XVIII.

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Illas Sisargas

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Malpica de Bergantiños

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Mina de Monteneme

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Panorámica de Caión

Las visitas habían terminado. Tan solo nos quedaba poner proa a nuestro alojamiento, Casa “As Jarras” en Cedeira. Pasamos por Arteixo, bordeamos A Coruña y cruzamos por o Burgo en busca de la carretera de Ferrol en Bergondo. Todavía teníamos luz y la lluvia nos seguía respetando, por lo que descartamos la autopista. Fuimos ganando norte por Miño, Pontedeume, Cabanas y Fene y de nuevo bordeamos una ciudad, Ferrol en esta ocasión, para tomar la carretera de Cedeira. Esta vez, si; a la altura de Valdoviño nos sorprendía la tromba de agua, que ya no nos dejaría hasta la aldea de Corredoiras, donde pernoctaríamos. Tal y como habíamos previsto, llegamos algo antes de las 7 y media de la tarde, con el tiempo justo de hacer el check-in y pedir a Manolo, unos de los 2 gerentes del establecimiento, que nos recomendase un lugar donde cenar. Nos recomendó el restaurante Vilavella, en la parte antigua del pueblo. Llamamos para reservar y nos dijeron que, si nos dábamos prisa, no habría problema. Raudos y veloces bajamos a Cedeira, a tan solo unos 5 kilómetros, y pudimos disfrutar a la mesa de unas vieiras al horno deliciosas, una ensalada de centollo con aliño de mango y como colofón, kokotxas de merluza. Ya con la panza llena, y viendo que la lluvia había cesado, todavía aprovechamos para callejear el casco antiguo y el puerto antes de que el toque de queda nos amenazase. No podía terminar mejor un día en que el tiempo nos había indultado inesperadamente.

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MensajePublicado: Lun, 19 Abr 2021, 14:59 
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Día 3: Cedeira – Viveiro

El día 2 de abril volvió a amanecer totalmente encapotado, pero, al menos, ya no llovía. Bajamos a tomar el magnífico desayuno preparado por Petra, la otra persona al cargo de la Casa “As Jarras”. Especialmente la mermelada de limón estaba deliciosa. Entre que desayunamos, subimos a hacer las maletas y cargamos la moto, se empezaban a vislumbrar algunos claros entre las nubes. Nos pusimos en marcha y bajamos hacia Cedeira. Antes de tomar la carretera hacia Santo André de Teixido, volvimos al puerto a echar un vistazo de día. Y a la vuelta, una nueva improvisación: vimos un indicador que señalaba la dirección hacia el faro de Punta Candieira, y allá nos fuimos. El pequeño paseo valió bien la pena, pues las vistas del faro desde lo alto, con la costa acantilada al fondo, son increíbles. No tuvimos que dar vuelta atrás, pues el GPS nos llevaba camino de enlazarnos con la ruta planificada, y en un rato estábamos en ella. La siguiente parada, pues nos quedaba de paso, fue en le mirador de Chao do Monte, desde dónde se observa una magnífica panorámica desde arriba de la aldea de Santo André de Teixido, que era nuestro destino.

Dice la leyenda que a Santo André de Teixido “irás de muerto si no has ido de vivo”. Nosotros ya hemos cumplido, pero si llegado el momento hay que volver a ir, en peregrinación con la Santa Compaña, tampoco haremos ascos, pues en un lugar bien bonito. La aldea con su santuario están enclavados en una vaguada entre acantilados, sobre un derrumbe del terreno original hace millones de años. Las pruebas geológicas muestran evidencias que el terreno sigue en movimiento, como atestiguan grietas aparecidas en las rocas circundantes.

Visitado el lugar, el siguiente objetivo era la Garita de Herbeira, una caseta de piedra situada en lo más alto del acantilado, que formaba parte de un antiguo sistema de vigía y alerta. Compuesto por similares construcciones situadas en puntos elevados de la costa, permitían que los vigilantes abarcasen un gran área visual del mar, y en caso de emergencia se encendiese un fogata que era vista desde los demás puestos, y transmitida des este modo a los demás puntos de la red. Otras garitas de la red se situaban en Punta Candieira, O Limo, Cabo Ortegal, Porto de Espasante, Estaca de Bares o Punta da Insua, ya en Viveiro.

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Faro de Punta Candieira

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Santo André de Teixido

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Garita de Herbeira

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Ría de Ortiguieira

Desde esta red se divisó por primera vez a la conocida como Contraarmada, la flota invasora enviada en 1589 por la reina Isabel I de Inglaterra, comandada por Sir Francis Drake, en represalia por el fallido ataque español con la Gran Armada a sus tierras. Fruto de esta expedición se produjo el ataque a A Coruña, que fue repelido por las fuerzas de la ciudad al mando de María Pita, según cuenta la leyenda. SIn embargo, lo que será leyenda para nosotros son las vistas desde la Garita. En este lugar predomina un niebla perpetua, y en ninguna de las ocasiones que la he visitado he tenido suerte de ver nada más allá de dos palmos de mi narices; y esta ocasión no iba a ser ninguna excepción…

La garita está situada en el punto más de los acantilados de Vixía Herbeira, con un desnivel de 613 metros sobre el nivel del mar, y una pendiente del 80%. Estos acantilados realmente son las estribaciones de la Serra de A Capelada, que cae directamente sobre el océano, y están considerados como los más altos en mar abierto de la Europa continental, o el 4º más alto de toda Europa, tan solo superado por los de Croaghaun en Irlanda, el cabo Enniberg en las Islas Feroe y el descomunal acantilado de Hornelen en los fiordos noruegos, con 805 metros de caída casi vertical.

Con nuestro gozo en un pozo y una excusa para volver en la buchaca, seguimos a trompicones entra la densa bruma hacia el pueblo de Cariño. El lugar de bajar directamente, pasamos por el Mirador do Limo, desde el que hay una magnífica panorámica de toda la ría de Ortigueira, y seguimos hacia el siguiente destino: el faro de Cabo Ortegal. Este es el que se considera como punto divisorio entre las aguas el océano Atlántico y del mar Cantábrico, presidido por su majestuoso faro cilíndrico blanco y rojo.

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Cabo Ortegal

La carretera comenzaba a secarse, y la temperatura subía poco a poco. Después de un rato disfrutando del lugar, comenzamos el camino de regreso, nos detuvimos en Cariño a repostar y continuamos en dirección a Ortiguieira. Ante la proximidad de la hora de comer, y en previsión de la dificultad de encontrar un lugar conde hacerlo, decidimos parar a la altura del pueblo de Sismundi; de esta forma, el siguiente lugar de visita lo encontraríamos más vacío, pues cuando llegásemos nosotros coincidiríamos con la hora de la comida de la mayoría de la gente. Y así fue. Despues de pasar Ortiguieira y empezar a remontar la orilla occidental de la ría, llegamos a los acantilados de Loiba, tan conocidos recientemente desde la instalación del autoproclamado “mejor banco del mundo”. No me atrevo a decir si lo es, pero el lugar es, desde luego, precioso. Nos encontramos el banco vacío, y lo pudimos disfrutar un buen rato, contemplando relajados las vistas que desde allí hay. Cuando ya nos hartamos de estar allí y comenzamos a explorar los alrededores, fue cuando llegó la marabunta de gente que habitualmente puebla el lugar en caulquier día festivo o de find e semana. Momento perfecto para volver a la carretera en busca de un nuevo punto de interés: el faro de Estaca de Bares.

Llegamos al pueblo de O Barqueiro con el día ya abierto, y tomamos el desvío hasta el faro. Esta vez nos lo encontramos abierto, pues este faro no está automatizado, y allí vive el farero, por lo que aquello es una vivienda particular, que habitualmente se encuentra cerrada. En esta ocasión no era así, y pasando por el patio, pudimos sobrepasar la torre del faro y por el sendero abierto por los caminantes, acceder al punto más septentrional de la Península Ibérica.

Después de la visita, en lugar de retroceder, nos dio por explorar una carretera que continúa hacia la derecha del faro, pasa a la altura de la antigua LORAN americana. La “Long Range Aid to Navigation” fue una base militar del servicios de Guardacostas estadounidense, establecido en Estaca de Bares a raíz de los acuerdos entre Franco y Eisenhower, después de la Segunda Guerra Mundial. Su principal propósito era poner en contacto aviones espía que podían activar las defensas nucleares americanas en caso de ataque soviético, en plena Guerra Fría. Se mantuvo operativa hasta 1970, momento en que asumió su control la Fuerza Aérea de Estados Unido, pasando a operar como estación de telecomunicaciones hasta 1991. Finalmente los terrenos fueron adquiridos por el concello de Mañón, y actualmente la base está en estado de ruina. Siguiendo la carretera llegamos hasta el Semáforo de Bares, actualmente un hotel ubicado en una antigua instalación militar que ejercía funciones de observación meteorológica, vigilancia y registro del tráfico marítimo que pasaba por la zona. Paramos a descansar un rato, nos tomamos un par de tónicas bien frescas y bajamos hasta el Puerto de Bares, únicamente a conocer el pueblo, antes de proseguir hasta nuestro alojamiento, un apartamento en el Hotel Thalasso Cantábrico, en la entrada de Cobas.

Como teníamos tiempo de sobras, decidimos hacer el check-in antes de nuestra última visita, pues así la podríamos hacer vestidos de calle. Y fue una buena decisión, pues nos dirigímos a la Punta Socastro, conocida popularmente como “Fuciño do Porco”; el acceso a la baliza donde culmina el recorrido demora sobre media hora, con constantes subidas y bajadas. Hacerlo con la ropa de moto puesta no es lo más adecuado, a menos que quieras llegar de vuelta totalmente empapado de sudor… También fue un acierto la hora, sobre las 7 de la tarde, pues nos evitamos las aglomeraciones que se intuían por la marea de gente de regreso que nos fuimos encontrando durante todo el recorrido.

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Banco de Loiba

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Cabo de Estaca de Bares

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Pasarela de Fuciño do Porco

Ya con tiempo justo, una vez finalizado el paseo tomamos la moto y nos fuimo raudos y veloces a buscar un lugar donde cenar, pues el tiempo se nos echaba encima. Elegimos el Restaurante Fumeiro, en Cobas, en el que tras un entrante de anchoas del Cantábrico, nos sirvieron 4 descomunales tajadas, 2 de merluza de Celeiro y 2 de un rape que no podía pesar menos de 5 kilos. Obviamente, debido a su frescura, todo estaba excelente. Nos sorprendió el comentario del camarero, pues cuando preguntamos si disponían de mesas libres para cenar, nos dijo que tendría que preguntar, pues todavía en muchas e ellas se estaban recogiendo las comidas. Y es que somos como somos, y con la obligación de cierre a las 9 de la noche, en lugar de europeizarnos y cenar más temprano, lo que hemos hecho ha sido prolongar los turnos de comida, con clientes sentándose más allá de las 16:30 para el almuerzo!! Si es que no tenemos remedio…

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Después de la opípara cena nos acercamos hasta Viveiro para aprovechar la hora que nos quedaba y dar un paseo y hacer la digestión. Cruzamos al casco antiguo por la Puerta de Carlos V y callejeamos sin rumbo hasta que el toque de queda se nos echó encima. De vuelta a nuestro apartamento, ya solo nos quedaba poner los bártulos a cargar y abandonarnos en los brazos de Morfeo, tras otro gran día en que la lluvia que nos había respetado, a pesar de las previsiones totalmente contrarias.

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Día 4: Viveiro – A Pontenova

Sábado, 3 de abril, y último día por la costa. Hoy sería el día menos activo, por tener menos cosas que visitar y la distancia más corta a recorrer. En teoría, ya habían pasado los días de lluvia y el tiempo sería más benévolo con nosotros, si no lo había sido ya. Sin embargo, el día amaneció completamente cubierto, y si bien no llegó a llover en toda la jornada, si hizo bastante frío, lo cual Isa sobrelleva mucho peor que yo.

Como habíamos reservado un apartamento, no teníamos desayuno reservado. Nos vestimos, recogimos todo y nos dimos un mini-paseo por la playa aledaña al complejo hotelero. A continuación, cogimos la moto y fuimos hasta Chavín, al Souto da Retorta, donde está plantado “O Avó”, un descomunal eucalipto, que a pesar de no ser el más alto, con sus 67 metros, tiene un nada despreciable perímetro de 10 metros y medio en su base, y un diámetro de casi 2 metros y medio a 130 centímetros de altura, lo que le convierte en el árbol más grande de España. A continuación desandamos el camino, aparcamos donde la noche anterior, volvimos a cruzar la Puerta de Carlos V al casco antiguo de Viveiro y elegimos una cafetería donde desayunar.

Tuvimos suerte con la persona que atendía “El Café”, que así se llamaba el local, una señora bien amable. A pesar de su voluntad por ofrecernos un buen desayuno, no le resultaba posible, pues la afluencia de gente había desbordado sus previsiones y se había quedado sin nada que ofrecernos para comer. Este exceso de clientes, nos comentó, se debía sobre todo a la presencia de turistas de otras comunidades autónomas, lo cual, con las restricciones vigentes, no me parece nada bien… Finalmente, nos permitió salir a comprar pan, y ella nos lo tostaría, para acompañar las bebidas que nos serviría. Nos tomamos el desayuno con calma, y una vez finalizado, todavía dimos un paseo por el casco antiguo de Viveiro, probablemente la villa gallega donde con más fervor se vive la Semana Santa.

Ya de vuelta en la moto, en lugar de seguir la carretera a Ribadeo, nos dejamos llevar por caminos serpenteantes que bordean la costa, y así fue como descubrimos la Punta da Ínsua y su mirador, desde el que se domina toda la Ría de Viveiro, y en donde se encontraba emplazada la última de las garitas de vigilancia de la red que dominaba las Rías Altas, y de la que hablamos en el capítulo anterior. No bajamos al faro, pues el camino de acceso no se veía en buen estado, por lo que seguimos recortando el litoral hasta la localidad de San Cibrao. Aquí nos reincorporamos a la carretera principal, y unos kilómetros después nos volvimos a desviar para, pasando por Cervo, llegar a la Fábrica de cerámica de Sargadelos, en el pueblo homónimo.

La Real Fábrica de Sargadelos fue fundada en 1806, y si bien alcanzó una gran reputación durante el Siglo XIX, acabó cerrando casi 70 años más tarde. Sin embargo, fue rescatada por el ceramista y galleguista Isaac Díaz Pardo, quien la consiguió erigir como un símbolo de la cultura gallega contemporánea. El legado de Díaz Pardo ha conseguido que no solo la loza, sino también las piezas artísticas de Sargadelos sean universalmente reconocidas y su imagen es indisoluble de nuestra tierra.

Lamentablemente, la situación de pandemia limita las visitas, y al no haber un sistema de reservas, nos tuvimos que quedar con las ganas. De nuevo encontramos otra excusa para volver en una nueva ocasión, aunque no nos fuimos con las manos vacías. Tan solo el entramado arquitectónico de la fábrica merece la pena, y pudimos acceder a la exposición al aire libre así como a la tienda, donde se pueden contemplar toda clase de creaciones del catálogo actual.

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Puerta de Carlos V

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Ría de Viveiro, desde Punta da Insua

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Real Fábrica de Sargadelos

Finalizada la visita nos pusimos de nuevo en camino, ya siguiendo la carretera N-642, pasamos por Burela, Foz y el horror urbanístico en que se ha convertido el concello de Barreiros, con infinidad de bloques de apartamentos, muchos de ellos sin terminar, diseminados por aquí y por allá sin ton ni son. Todo esto, en un territorio plagado de bellas casas indianas que en muchos casos, se caen sin mantenimiento, por dejadez de sus propietarios. Desgraciadamente, el contraste el lamentable, por lo que seguimos vista al frente hasta llegar a nuestro nuevo puerto de parada: el pueblo pesquero de Rinlo.

Lo de pesquero es un decir, porque ahora se ha convertido en un centro gastronómico. Todo empezó con la Cofradía de Rinlo, la segunda cofradía más antigua de España, que empezó a despachar comida al público allá por el año 92. Convirtieron el arroz caldoso de marisco en su especialidad, y su fama empezó a atraer a cada vez más gente. A su amparo se han ido abriendo otros locales, y entre lo pequeño del lugar y la afluencia, aquello es un hervidero de gente.

Nosotros conseguimos una mesa gracias a la intermediación de mi buen amigo Dani, que desde Logroño consiguió mover los hilos para que a las 15:30 tuviesemos una reserva. Llegamos puntuales, nos sentaron a la mesa, descorchamos una botella de vino “O Pequeno Mein”, de la zona de O Ribeiro, y al poco, ya teníamos listo y presentado nuestro arroz caldoso, con un par de almejas, otro par de langostinos, y generosas tajadas de bogavante. No hizo falta ni postre ni nada!

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Nos pusimos en marcha nuevamente, y aunque no teníamos previstas más paradas, improvisamos una visita al Fardo de Illa Pancha. Ya lo conocemos de anteriores ocasiones, pero en esta época es cuando suelen floreces las “uñas de gato” que pueblan la isla, cubriéndola caso por completo de un color morado. Sin embargo, todavía no han abierto todas las flores, y la vegetación no se encuentra en su apogeo; animados ademas por el fuerte viento, no nos prodigamos mucho rato, y comenzamos el trayecto hacia nuestro último alojamiento. Cruzamos el casco urbano de Ribadeo, bajamos al puerto y tomamos la N-642 que lleva hasta la glorieta que permite elegir entrar en Asturias por Vegadeo, o seguir aguas arriba el curso del río Eo por la N-640. Obviamente esta fue nuestra elección, que en poco más de 20 minutos nos llevaría a A Pontenova, el último lugar donde pernoctaríamos. De camino, al dar una curva, nos encontramos de frente con una KTM SuperDuke, llevando el piloto un casco réplica de Carlos Checa… y detrás, al poco rato, una Yamaha YZF 600R. Todo muy familiar. Nos damos vuelta, y ellos también. Allí estaban el buen amigo Agapito, con Belén, y Anxo en su “Thundercat”. Ellos habían esperado a que pasase la lluvia para tambén salir a dar una vuelta en moto, curiosamente parte de nuestro recorrido, pero en sentido opuesto. Al pie de la carretera estuvimos un rato de charla, y nos dependimos, deseándonos todos buena ruta. A ellos todavía les quedaba un rato por delante; en cambio nosotros llegamos al Hostal Navia que habíamos elegido para pasar la noche en escasos 5 minutos. El establecimiento está mismo en el pueblo de A Pontenova, y por un precio muy económico nos encontramos una habitación limpísima, una cama cómoda, un baño bien equipado y la sonrisa y amabilidad de la señora que nos atendió.

Después de una ducha reparadora todavía nos quedó tiempo de bajar a visitar los hornos, donde se calcinaba la limonita que se extraía de las cercanas minas de de hierro de Vilaoudriz y Boulloso. En la zona todavía perviven numerosos restos de las minas de hierro, que merecen la pena ser visitado y conocer la historia del lugar. Después nos abandonaríamos en al “dolce far niente” en el Bar Puente tomando unas cervezas, antes de cenar en nuestra habitación chicharrones, chorizo y queso, pues ya estábamos saturados de tanto cenar fuera.

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Illa Pancha

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Hornos de A Pontenova

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MensajePublicado: Lun, 19 Abr 2021, 15:04 
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Día 5: A Pontenova – Vigo

4 de abril, domingo y último día de viaje. Nos quedaba por delante toda la vuelta a Vigo, y el termómetro asustaba. Tan sólo 4º en el exterior en el momento en que nos levantamos. Desayunamos, hicimos el equipaje y cargamos todo en la moto para disponernos a partir. Afortunadamente la temperatura había subido. 5º. Dejamos nuestro alojamiento, el Hostal Navia, adscrito a la red de alojamientos “Biker Friendly”, en los que los moteros siempre somos bien recibidos; rodar hasta Meira fue duro hasta para mi, pero con el avance de la mañana, el cielo despejado y el sol más alto, la sensación térmica iba mejorando. Repostamos, vimos como una patrulla de Tráfico inmovilizada un Renault 18 a un paisano que iba cocido como una mona a las 10 y media de la mañana y nos desviamos hacia Vilalba.

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Ya he contado en alguna ocasión que tengo un “mini-reto”, que consiste en pasar por todas las capitales de municipios de Galicia, y en esta zona quedaban 2 que nunca había pisado, así que aprovecharíamos para pasar por ellas. En algún lugar entre Fonmiñá y Muimenta nos volvimos a desviar a la izquierda hacia Castro de Rei, que es uno de los pueblos que no estaban en mi lista. Y ya una muesca más. A pesar de ser un pueblín bien pequeño, es muy pintoresco, conservando restos de la muralla y la vivienda del castillo que dominaba la zona. Por desgracia, la torre de homenaje se vino abajo a mediados del siglo pasado.

Continuamos pasando por Castro de Ribeiras de Lea, la entidad más grande del municipio y enlazamos con la carretera LU-115 que nos llevaría a Outeiro de Rei, otro de los pueblos que me faltan, ya en plena N-IV. Poco discurriríamos por esta vía principal, tan sólo hasta Rábade, lugar en que de nuevo torceríamos a la izquierda, discurriendo por vías secundarias hasta Friol. Esta sección del trayecto nos gustó mucho, con la naturaleza en plena explosión de verdor, mientras pasábamos por aldeas en las que nos llamó la atención lo cuidado del entorno, y lo bien conservadas y restauradas de las casas tradicionales. Pasamos de largo Friol, con intención de que la siguiente parada fuese Sobrado dos Monxes, ya en la provincia de A Coruña, pero en el camino nos topamos con la Fortaleza de San Paio de Narla. Conocida también como la Torre de Xiá, es una construcción medieval datada en 1.350, catalogada actualmente como Bien de Interés Cultural. Tras varios cambios de manos, fue adquirida finalmente por la Diputación de Lugo, y actualmente ocupa la sección de Etnografía de la Rede Provincial de Museos. Intentamos visitarla, pero de nuevo las restricciones por la pandemia nos dejaron con la miel en los labios, al ser precisa una cita previa. Nos conformamos con rodearla por fuera y dejarla apuntada en la lista de asuntos pendientes.

Ya en Sobrado dos Monxes, nos detuvimos a descansar como teníamos previsto. Nos tomamos un café en la terraza, al sol que inesperadamente había elevado la temperatura hasta límites que ya nos obligaban a prescindir de los forros térmicos de nuestro trajes, pues ya se acercaba a los 20º. De nuevo nos fue imposible visitar el monasterio de Santa María que preside el pueblo. Fundado en el siglo X por orden de del conde de Présaras, actualmente está habitado por monjes de la orden cisterciense, quienes lo volvieron a ocupar en 1954 tras un siglo de abandono. Desafortunadamente, la pandemia ha llevado a sus moradores a optar por mantenerlo cerrado, tanto a visitantes como a peregrinos que habitualmente se alojan allí en su paso hacia Santiago de Compostela. Al final, nuestra lista de visitas sin realizar casi supera a la de las realizadas!

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Fortaleza de San Paio de Narla

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Monsaterio de Santa María de Sobrado dos Monxes

Aprovechando el parón, comenzamos a pergeñar dónde comer. Nuestro trayecto nos llevaría por Boimorto y Arzúa para ingresar en la provincia de Pontevedra a través de la presa del embalse de Portodemouros, así que estábamos ante una magnífica ocasión de volver a comer en un lugar que nos encanta: el restaurante “O Pote”, en Piloño. Pero por desgracia, el aforo estaba completo y nos tuvimos que buscar una alternativa que encontramos en “A de Rafael”, a pocos kilómetros del primero en la localidad de Gres. Llegamos a la hora prevista y nos sentaron en una mesa en la terraza, a la sombra. Magnífica elección, pues ahora el mercurio ya sobrepasaba sobradamente los 20º, se había quedado un día estupendo. Las especialidades en A de Rafael son el “galo de curral” típico de Vila de Cruces y el cocido. No pudimos pedir el primero, pues solo se prepara por encargo, y el segundo nos parecía excesivo para después continuar el viaje en moto: en esta casa, el cocido se sirve con la sopa de primero, y a continuación la carne y verduras acompañados de filloas, como debe ser!! Los postres son también pantrgruélicos, compuesto por un variado de tartas, melindres de Silleda y una pieza enorme de queso, del que puedes comer lo que te apetezca. Aparcamos la tarde para algún día frío de un próximo invierno y pedimos un par de platos de la carta, toda ella de un corte de cocina tradicional.

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Pan, tomate y vino… Yummm!

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Melindres de Silleda, para rematar la copa

Por simple curiosidad, después de comer, en lugar de seguir adelante, hicimos un bucle, internándonos en de concello de Touro, de donde es Isa, para explorar los 2 puentes que cruzan el río en Remesquide y Basebe, lugares que yo no conocía ye lla no recordaba. La verdad es que la época es perfecta para disfrutar de una buena andaina por la orilla del río Ulla, pero ni estábamos vestidos adecuadamente, ni disponíamos de tiempo, así que una nueva idea aparcada para otra ocasión. Volvimos a aparecer en Piloño y desde ahí tomamos dirección hacia Merza y Silleda para subir hacia Forcarei y enlazar con la carretera N-541 que nos llevaba a Pontevedra. Esta carretera me aburre mucho, de tantas veces recorrida, con una alta densidad de tráfico, así que de nuevo nos dió por improvisar.

A la altura de San Xurxo de Sacos tomamos un desvío a la izquierda, en dirección a Cuspedriños, pueblo que coloquialmente se usa como referencia para hablar de algo muy lejano. Pues si, Cuspedriños existe, y lo atravesamos camino de O Carballedo, la capital del concello de Cerdedo-Cotobade. Nos volvimos a desviar en dirección a Ponte Caldelas y continuamos sin detenernos hasta Fornelos de Montes, a donde llegamos ya algo cansados. Nos detuvimos a tomar una par de tónicas frescas y afrontamos ya la recta final de nuestro periplo. Moscoso, Pazos de Borbén, Amoedo y una nueva bifurcación en la ruta nos llevaría a Nespereira, para entrar en Vigo por la carretera que sube al aeropuerto por Os Valos.

Ahora venía lo más duro: el trabajo de domadores de fieras, teniendo que aguantar la demanda de mimos de los 3 gatos que nos esperaban en casa. Finalmente hemos apañado un viaje redondo, que nos había llevado a recorrer muchos lugares que no conocíamos o hacía siglos que no visitábamos por su lejanía. Encima, la meteorología nos indultó, y tuvimos un tiempo muchísimo mejor del que habíamos previsto. De los 2 días de lluvia iniciales y 2 de frío, todo quedó en un par de horas de lluvia el jueves por la tarde y na tarde de sábado fría. Mejor no pudo salir.

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MensajePublicado: Lun, 19 Abr 2021, 15:05 
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Como siempre, cuelgo el video del viaje. No es que seamos precisamente unos hachas de la grabación y de la edición, pero en esta ocasión, el resultado es incluso peor que en otros… Un problema con la cámara del casco, la Sena Prism Tube, nos dejó sin clips durante los 2 primeros días (me había olvidado de ponerle tarjeta de almacenamiento); pero para acabar de fastidiarlo, la otra cámara disponible, una Garmin Virb Ultra que normalmente va fijada en la moto, tenía roto el soporte, por lo que vibraba excesivamente, sacando los videos completamente trepidados. Un cúmulo de desatinos, pero al fonal, si estás a viajar no estás pendiente de las cámaras, y si estás a grabar no disfrutas del viaje. Aún así, y a pesar de los errores, esperamos que guste el video:


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MensajePublicado: Lun, 19 Abr 2021, 18:01 
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Compañero mucha envidia sana. No dejes nunca de narrar tus viajes. Deseando estoy que dejen viajar para ir con la jefa una semana por aquellas tierras . En la guardia tengo muy buenos amigo que quiero vsitar.
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MensajePublicado: Mar, 20 Abr 2021, 10:21 
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Boogieman impresionante como siempre tus crónicas que ganas de volver a vernos todos en alguna quedada :grupo:

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MensajePublicado: Vie, 23 Abr 2021, 09:39 
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Boogieman impresionante como siempre tus crónicas que ganas de volver a vernos todos en alguna quedada :grupo:
Ya te digo, Tati!

A ver si nos liberan de una vez, que esto ya dura demasiado.

Y que todavía tenemos pendiente aquella V KDD de Málaga (a saber si el comité organizador sigue vivo y con ganas de hacerla...).

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