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El lado oscuro te atrapa
Fecha actual Lun, 27 Sep 2021, 20:24

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MensajePublicado: Mar, 31 Ago 2021, 11:34 
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Etapa 4: Fusch an der Großglocknerstraße – Viena

Ruta del Imperio Austrohúngaro 2021

Ya recuperados de la mojadura del día anterior, el día amanecía con una previsión algo más benévola para nuestros intereses, que era un traslado, sin mas pena ni gloria hasta Viena, donde haríamos nuestro primer día de descanso. Así que repostamos en la gasolinera que teníamos justo enfrente de nuestro alojamiento y pusimos “ruedas en polvorosa”.

Decidimos no subir a Zell am See y torcer a mano derecha nada más salir del pueblo. No tardó en hacérsenos familiar la carretera. En cuanto pasamos un desvío a la derecha que lleva al valle de Bad Gastein, nos dimos cuenta que esa carretera la hicimos en sentido contrario en 2019, de vuelta al aeropuerto y bajo una copiosa nevada que casi nos deja atrapados.

Seguimos por territorio conocido, pasando el cruce que lleva a Hochkönig, Sankt Johan im Pongau, Wagrain, Altenmarkt, Radstadt, … narices, ya van unos cuantos años transitando por estas carreteras en el mes de febrero!!A toda costa estábamos evitando tener que subir a Salzburgo y que la ruta nos metiese momentáneamente en territorio alemán, donde si están haciendo controles de carretera para comprobar los requerimientos Covid. No porque no los cumplamos, que tenemos todo al día, sino por el engorro y la lentitud de los trámites. Y porque atravesar Austria por carretera es una gozada!

Seguimos hasta Schladming, ya en el estado federado de Estiria, lugar de destino de nuestro último viaje a la nieve, alla por el lejano febrero de 2020. Allí nos paramos a tomar un café y enviar un saludo a nuestros compañeros de fatigas invernales, a quienes tanto echamos de menos.

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Reanudamos la marcha ya en territorio desconocido, pues nunca habíamos pasado de Schladming hacia el este. Se notaba perfectamente que el Tirol había quedado atrás, pues el valle por el que discurre la carretera se va ensanchando, y las alturas de los picos adyacentes van disminuyendo.

Alcanzamos Liezen y tras rebasar la ciudad, al poco la ruta nos mete en la autopista. Lo evitamos a toda costa, y seguimos por carretera, pero las diferencias de tiempo eran considerables, y no había previsión de visita alguna en lo que quedaba de día. De este modo, paramos en el primer estanco, compramos la necesaria vignette para la autopista y empezamos a tragar millas.

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La autopista es lo más aburrido que hay en moto… pero a veces no queda otro remedio. La hora de comer nos pilla cerca de la intersección que lleva a Graz, así que abandonamos la autopista para encontrar algún lugar para pararnos, y nos llevamos un desengaño. Austria no es España, y no encontramos apenas ningún local donde parar a comer; y los pocos que encontramos están cerrados. Así que nos reincorporamos a la autopista en busca de la primera estación de servicio, que aparece algunos kilómetros después de Leoben. Es tarde para comer en Austria, algo así como las 2; tanto que la cocinera nosndice que solo nos puede ofrecer Wiener Schnitzel. Sea pues un filete rebozado, patatas fritas y una cerveza.

Después de aquello tan solo nos quedaba unas hora y poco por delante. A la altura de Neunkirchen las montañas ya hab desaparecido dando paso a la amplia llanura del Danubio. Pasamos Wiener Neustasdt y llegamos a Viena, la capital del país. Todavía nos quedan 10 kilómetros hasta el centro, que es un auténtico caos por las obras en la margen izquiera del río, justo donde tenemos el alojamiento, el Hotel Post Wien. Después de unas cuantas vueltas, conseguimos llegar, descargamos equipaje y aparcamos la moto en un sitio controlado. Esta vez dormiría en la calle, que Viena es una ciudad segura y se puede dejar. Y además, tendría doble descanso, pues al día siguiente no se iba a mover. Primer día de visitas en este viaje.

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MensajePublicado: Mar, 31 Ago 2021, 11:37 
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Día de descanso: Viena

Ruta del Inperio Austrohúngaro 2021

Tratamos de que todos nuestros viajes en moto sean más “viaje” que “moto”. Para rodar por rodar tenemos muchos días al año, y estos desplazamientos largos no tendrían sentido para nosotros si no nos detuviésemos a conocer los lugares por donde pasamos.

De esta manera, llegamos a Viena y aparcamos la moto ya el día anterior, que aprovechamos para por nuestra cuenta algunos de los puntos más notables de la ciudad. Pero para el día de descanso retomamos otra de nuestras viejas costumbres, que es la de reservar un Free Tour.

Para quienes no conozcan esta modalidad, sin rutas lideradas por algún guía turístico, de unas 2 horas y media de duración, en la que se paga la voluntad. La norma no escrita es de 10€ por persona.

El tour por Viena lo hicimos con Mara Elena, una chica nativa que hablaba un español perfecto. Iniciamos la ruta al lado del Hotel Sacher, probablemente más conocido por su tarta de chocolate que por otra cosa. Allí nos habló no solo del afamado Hotel, sino también de la Staatsoper, que lamentablemente en agosto se encuentra cerrada, y no tuvimos ocasión a optar a alguna de las entradas de pie que habitualmente se ponen a la venta 80 minutos antes del inicio de cualquier ópera. También aprovechamos para visitar el Memorial contra la Guerra y el Fascismo, que rememora la que probablemente haya sido la época más violenta en la historia reciente de la ciudad.

De ahí pasamos al Hofburg, el palacio imperial donde residió la mayor parte de la familia Habsburgo, durante su largo período hegemónico en el centro de Europa. Más que un palacio es un complejo, formado por múltiples edificios, de los que visitamos la Iglesia de San Agustín, donde se casaban los emperadores austrohúngaros, la Plaza de los Héroes, tristemente famosa por ser el lugar donde Hitler pronunció su discurso de 1938, en el que anunciaba la anexión de Austria al III Reich, las caballerizas de la Escuela Española de Equitación, y acabamos despidiendo el palacio en la puerta de San Miguel, ante la entrada al museo de la emperatriz Sisi, otro de los grandes personajes de la historia de la ciudad.

Para terminar la visita guiada nos dirigimos a la plaza de la Catedral de San Esteban, un magnífico ejemplar de arquitectura gótica centroeuropea, que ya habíamos visto la tarde anterior. Allí nuestra guía nos dio algunos consejos de buenos lugares para comer en la ciudad y se despidió de nosotros.

Nosotros ya habíamos planeado pasar la tarde en el Prater, un curioso parque de atracciones en el centro de la ciudad, fundado en 1766 por el emperador Josef II. En 1873 fue lugar de celebración de la Exposición Universal de Viena, y en 1897 se inauguró su característica noria, que sigue funcionando a día de hoy. Sin embargo, el motivo de nuestra visita no eran las atracciones, sino la Schweitzerhaus, un restaurante típico ubicado en el recinto, y que sirve un afamado codillo asado, que en Viena se llama “Stelze”.

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Pedimos un codillo para los 2… y menos mal. Después del atracón en la Rathausplatz de Nürnberg hace 2 años, aprendimos la lección, y este era todavía mayor que aquellos!!! Lo regamos con abundante cerveza; tanta que cuando fuimos a pagar vimos que se nos había ido un poco de las manos!!

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Volvimos del Prater igual que nos fuimos: andando, que ya llevábamos varios días sentados sobre la moto. Pasamos por el hotel a refrescarnos y echar una siesta, antes de volver a echarnos a la calle. Callejeamos sin rumbo, curioseando por los rincones y haciendo tiempo y hueco para la cena, aunque de lo segundo no hubo manera. Antes de volver a nuestra habitación a dormir, nos tomamos un vaso de limonada y un trozo de tarta Sacher, pero en esta ocasión en la pastelería Demel, el obrador centenario donde Eduard Sacher comenzó a elaborar y vender la famosísima tarta de chocolate que había ideado su padre Franz. Y eso fue todo, ya que todavía nos duraba el atracón del almuerzo.

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MensajePublicado: Mar, 31 Ago 2021, 11:39 
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Etapa 5: Viena – Bratislava

Ruta del Imperio Austrohúngaro 2021

El plan inicial era recorrer Eslovaquia, que era un país que inicialmente nos atraía por que no parecía estar muy masificado desde el punto turístico. Pero cuando ya todos los planes estaban hechos, Va Hungría y abre las fronteras que hasta el momento tenían totalmente bloqueadas excepto a ciudadanos de países colindantes. En ese momento decidimos variar (una vez más) el itinerario previsto y pasar por el país magyar, que Isa tenía entre ceja y ceja.

Habida cuenta que el viaje transcurriría por Austria, Eslovaquia, Hungría y el Südtirol, la parte italiana de habla alemana, decidimos rebautizar el viaje como Ruta del Imperio Austrohúngaro, pues ese era el territorio que ocupaba.

Una de las huellas más vivas del Imperio Austrohúngaro y de la Casa de los Habsburgo que a día de hoy todavía perdura, es la Escuela Española de Equitación. A finales del siglo XVI, el emperador Maximiliano II hizo importar caballos andaluces, Pura Raza Española, para cruzarlos con ejemplares autóctonos carreteros,con el objetivo de lograr buenos ejemplares para el combate, que era lo que se necesitaba en la época. El hermano del emperador, el Archiduque Carlos, comenzó a seleccionar sementales de aquella nueva raza y fundó una ganadería en la localidad de Lipica, en la actual Eslovenia, donde empezó a criar aquellos caballos. Fue así como se inició la raza Lipizzana, un caballo de ejemplar coordinación e inteligencia emocional, que les hacían especialmente idóneos para el arte de la doma clásica española.

Y eso fue lo que hicimos esa mañana: acercarnos al impresionante picadero de estilo barroco del palacio de Hofburg para presenciar un entrenamiento de sementales lipizzanos de la Escuela Española de Equitación de Viena. Belleza de los animales, su forma de moverse, su nobleza son simplemente fascinantes. Fue una hora embelesados por el trotar y galopar de aquellos atletas de 4 patas en un escenario de ensueño.

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Es interesante la vida de los lipizzanos. Los sementales seleccionados empiezan a ser entrenados a los 4 o 5 años, tras los cuales pasan a estar unos 20 en servicio como caballos de doma, viviendo en unas cuadras dentro de un palacio. Una vez jubilados, son llevados a unos establos en los Alpes donde se dedican a aparearse y a correr en libertad por la montaña. Sinceramente, una vida envidiable…

Una curiosidad de esta raza es que, debido a su ascendencia andaluza, los potros nacen completamente negros, para acabar volviéndose blancos al cabo del tiempo. Unos completan el proceso en 4 o 5 años, y otros pueden tardar 15 o 16 (la media se sitúa en torno a los 7). Yo nunca he sido de bautizar mis motos, pues no dejan de ser objetos inanimados, por mucho que nos pongamos. Pero me hizo gracia el dato, y siendo la Tracer mitad gris, mitad blanca, me he imaginado que con el paso de los kilómetros (75.000 ya) le acabarían saliendo canas, así que he decidido ponerle de nombre “Lipizzana”.

Tras el apasionante entrenamiento ecuestre tocaba poner fin a nuestra estancia en Viena. Es más, abandonaríamos por completo Austria, lo cual no dejaba de darme cierta pena. Nuestro destino estaba a tan solo 70 kilómetros, que recorreríamos por carretera. Tardamos sobre hora y cuarto en recorrer el trayecto, y al entrar en territorio eslovaco nos sorprendía el primer control fronterizo en el que nos pedían el certificado COVID. Obviamente, al tenerlo en regla, pasa os sin ninguna clase de problema.

Tras hacer el check-in en el hotel, nos fuimos directos a comer, sin tener tiempo ni siquiera de indagar en la comida local. Acto seguido nos echamos a la calle, a ver cosas por nuestra cuenta, pues para el día siguiente había os contratado un Free Tour. Subimos al Castillo de Bratislava, donde nos cruzamos a una simpática pareja de viajeros italianos que habíamos conocido en el Free Tour de Viena. Uy majos, se habían apuntado pues habían aprendido a hablar español durante su estancia Erasmus en Murcia. El castillo es una fortaleza relativamente moderna sobre un promontorio desde el que se domina un largo trecho del curso del río Danubio. Visita os el edificio por fuera y sus jardines de estilo barroco antes de descender al casco antiguo de la ciudad y dejarnos llevar sin rumbo por sus calles. Pudimos ver la Casa del Buen Pastor, una estrecha construcción de mediados del siglo XVIII, que viene a ser algo así como un edificio Flatiron de la época. A continuación recorrimos lo que queda de la muralla medieval, donde también se relata la existencia de un extinto barrio judío y llegamos a la Catedral de San Miguel, templo de estilo gótico que domina la entrada a Bratislava. Lo siguiente fue callejear, dejándonos llevar por Panská Ulica (Calle Larga) entre sus decenas de locales y de ahí a Ochobdná Ulica, la calle de tiendas.

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En esa calle encontramos el Viecha U Sedliaka, una taberna muy auténtica donde nos iniciamos en la gastronomía eslovaca. Aparte de 2 buenas cervezas negras, pedimos un plato degustación de especialidades locales. El plato estrella es el halušky, una especie de gnocci, pero de tamaño mucho menor y forma aleatoria, aunque también elaborados con patata. Teníamos 2 variedades, una mezclada con col fermentada y otra con bryndza, un queso de oveja fresco local, todo cubierto de tacos de panceta frita. También venían varias piezas de pierohy, una especie de empanadillas de masa de patata rellenas del mismo queso bryndza y acompañadas de nata agria y de nuevo, de tacos de panceta.

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Satisfechos con nuestra primera cena local, volvimos al hotel para descansar después de un día intenso.la jornada siguiente volvería a ser de descanso, con Lipizzana a buen recaudo en las cuadras del hotel.

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MensajePublicado: Mar, 31 Ago 2021, 11:41 
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Día de descanso: Bratislava

Ruta del Imperio Austrohúngaro 2021

Bratislava es una ciudad pequeña, al menos para lo que estamos acostumbrados para una capital de un país. 400 mil y pico habitantes, un tercio más que Vigo. De hecho, se hace tan familiar que resulta que nuestro hotel estaba en la misma manzana que la residencia oficial del Primer Ministro! El pobre, por cierto, tenía que aguantar una manifestación a las puertas del palacio de gobierno, debido a la poca aceptación que ha tenido su anuncio de endurecimiento de las restricciones contra el COVID. No sé de qué se quejan, que aquí se circula sin mascarilla por cualquier lugar, y el toque de queda lo llevan incorporado, que aquí no queda ni el Tato por la calle a las 10 de la noche!

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El caso es que el día amaneció lluvioso, tanto para los manifestantes como para nosotros, pero habíamos contratado un Free Tour y nos gusta cumplir con nuestros compromisos. Compra os unos paraguas en un centro comercial frente al hotel y fuimos al punto de encuentro acordado. Además de nuestro guía, maño él, coincidimos con nuestro ya viejos conocidos italianos, y una pareja de argentinos residentes en Polonia.

Iniciamos el tour recorriendo la Hlvané Námestie (Plaza Mayor, literalmente), para seguir callejeando por el Stari Mesto (Ciudad Vieja) visitando puntos releva tes como el Palacio del Primado, las esculturas notables que se encuentran en la calle y finalmente, la Iglesia Azul. Es curioso este templo, porque es azul de verdad, no como la Mezquita Azul de Estambul, donde este color simplemente predomina sin más.

https://gyroskopia.files.wordpress.com/ ... jpg?w=1024

No voy a entrar en detalles de la historia de Bratislava, porque entre otras cosas, es probable que recuerde mal lo transmitido y acabe dando una imagen distorsionada. Sin embargo, si me llamó la atención una cosa, y es el empeño de los eslovacos en tratar de crearse una identidad nacional que en realidad no existe. Su país siempre ha formado parte o de Reino húngaro, de Imperio Austrohúngaro o de la extinta Checoslovaquia, pero ellos siguen con la firme intención de diferenciarse como un país con un pasado, una cultura y una lengua propios.

Finalizado el tour, fuimos a hacer unas comoras quenhabíamos dejado pendientes y a comer de nuevo al Viecha U Sedliaka. Arriesgamos con platos diferentes (pato en mi caso), y esta vez no nos gustaron tanto, al igual que el vino, que esta vez probamos el blanco y nos dio ardor de estómago a ambos. Después de comer nos fuimos al hotel y volvimos al centro después de una siesta, a dar otro paseo hasta la hora de cenar. Esto lo hicimos en el restaurante Slovak House, donde un camarero demasiado ingenuo o demasiado caradura nos empezó a sacar comida sin conocimiento alguno. Tuvimos que dar otro largo paseo para no irnos a cama con el buche lleno, so riesgo de morir de empacho.

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Honestamente, no tiene demasiado que ver Bratislava, o al menos para todos el tiempo que nosotros estuvimos. No deja de cumplirse lo que todo el mundo dice: es una ciudad de paso entre Viena y Budapest. Eso se cumplirá con nosotros; pero ire os dando un pequeño rodeo…

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MensajePublicado: Mar, 31 Ago 2021, 11:43 
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Etapa 6: Bratislava – Banská Bystrica

Ruta del Imperio Austrohúngaro 2021

Nuestro tiempo en Bratislava había llegado a su fin, y nos volvíamos a poner en marcha. El objetivo era llegar a Poprad, donde pasaríamos varios días realizando actividades, pero lo haríamos en 2 etapas. La primera cubriría un tramo desde el extremo más occidental de Eslovaquia, donde se encuentra Bratislava hasta el centro del país.

Empezamos a movernos, siempre por carretera. Eslovaquia es uno de esos países centroeuropeos que piden el pago de una vignette para poder usar las autopistas, pero no sería nuestro caso. De hecho, es posible usar ciertos tramos gratuitamente, pero habíamos renunciado hasta a eso, a menos que viésemos que el trayecto por carretera no mereciese la pena.

Y realmente fue eso lo que nos pasó en la primera parte del día. La ruta discurría por el sur de Eslovaquia, en dirección este, por una zona de llanuras y rectas interminables. Además el firme de las carreteras es totalmente aleatorio, alternando tramos con buen piso con otros de innumerables baches, parches, gusanos de alquitrán y ese curioso y característico hundimiento de las roderas, dejando una especie de “lomo” abultado en el eje del carril.

Afortunadamente esto solo fue así durante una hora, u hora y media a lo sumo, y no nos importó mucho, pues estábamos frescos. Paramos a repostar en un pueblo indefinido, y al poco de reanudar la marcha, la carretera empieza a ascender y retorcerse, sumergida en una frondosa cúpula de vegetación. Estábamos ha camino de Banská Stiavnica, la “Ciudad de Plata”. Esta población surgió a raíz de un asentamiento minero en el centro de una caldera volcánica colapsada. Como consecuencia del material aflorado debido a la actividad volcánica, se localizaron numerosos depósitos de minerales, abundando entre ellos la plata. Esto hizo que el primitivo asentamiento minero fuese floreciendo en una próspera villa que alcanzó su apogeo en la Alta Edad Media.

Esto se ve reflejado en su arquitectura, de grandes casonas de estilo gótico, entre las que destaca el ayuntamiento. También presiden el pueblo dos castillos, a falta de uno: el nuevo a la entrada y el viejo, en pleno centro. También se divisa a lo lejos un Calvario, un santuario en lo alto de la colina, cuyo camino de acceso es un via crucis de 19 estaciones de penitencia; es uno de los santuarios con más devotos del país.

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Aparcamos en el centro del pueblo, en plena plaza mayos, que está presidida por una monumental columna dedicada a la Santísima Trinidad. En la misma plaza está situado un museo minero, que completa la visita a la la antigua explotación de plata a cielo abierto que está a la entrada del pueblo, hoy convertida en un centro de interpetación.

Recelosos de las normas de aparcamiento, dejamos la moto en plena calle. Nos fuimos a dar un paseo caminando. Un grupo de checos habían dejado las suyas allí mismo un poco antes y no vimos que sucediese nada. Fuimos visitando los edificios mas notables del pueblo y volvimos a la plaza. Mas que cada edificio en si mismo, su belleza radica en el conjunto y su entorno. No deja de ser curioso sabers ubicado en el centro de un volcán, y allí en medio, tras superar un puerto de montaña sumergido en el bosque, rodeado de lagos artificiales, encontrar ese conjunto tan armonioso. Fue una agradable sorpresa el hallazgo, no en vano la UNESCO lo ha considerado Patrimonio de la Humanidad.

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Comimos en la misma plaza, a la vista de la moto. Y al terminar nos pusimos en marcha de nuevo. Ahora tocaba bajar la montaña de nuevo, por el lado opuesto, en dirección norte. De nuevo la carretera se retorcía entre árboles, y nos íbamos encontrado innumerables moteros y ciclistas. Al llegar abajo, el paisaje había cambiado completamente; en lugar de la vasta llanura de la mañana, nos encontrábamos un terreno ondulado, plagado de colinas, que daban paso a montañas de unas dimensiones ya a tener en cuenta. Nos encontrábamos en el Bajo Tatra, camino del castillo de Bojnice. Llegamos al pueblo y ya nos orientamos por la posición del castillo, que se divisa desde cualquier lado. De la estructura original del siglo XIII apenas quedan más que los cimientos, y en su lugar se erige una fortificación moderna, que mezcla elementos góticos y renacentistas. Sus constructores encontraron su inspiración en los castillos románticos del Valle de Loira, en Francia, y el resultado es algo que definiríamos mas como palacio, pero bueno… Pagamos la entrada, visitamos el interior, rebosante de lujo que poco tiene que ver con un castillo medieval y dimos una vuelta por el parque que lo rodea. Antes de subirnos a la moto y acometer el último tramo del día, paramos en una terraza para tomar un café. Flojo, flojo, al estilo centroeuropeo…

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Ya solo nos quedaba recorrer la distancia hacia Banská Bystrica, última parada del día y nuestro lugar de pernocta. Encontramos nuestro alojamiento a la entrada del pueblo, dejamos las cosas y nos fuimos a pasear ya vestidos de calle, y con intención de cenar.

No habíamos leído mucho de esta ciudad, la cuarta de Eslovaquia por población, por lo que no teníamos grandes expectativas, asi que de nuevo tuvimos un agradable encuentro. El centro parece tener 3 iglesias, la católica, la protestante y una tercera que no es tal. Es el castillo, un torreón fortificado que fue la primera sede del ayuntamiento. A continuación se extiende una enorme plaza del mercado medieval, rodeado de enormes casonas burguesas que dan una idea del esplendor de la zona en su época, también vinculada a la extracción y venta de plata. En el centro de la plaza, convive con el entorno una enorme columna de granito negro pulido, homenaje a los héroes del Ejército Rojo, y testigo del pasado comunista del país.aliado con el III Reich.

La ciudad también alberga un Museo del Levantamiento Nacional Eslovaco que no pudimos visitar debido a la hora. Este movimiento armado tuvo lugar en el año 44, al levantarse la población contra el gobierno eslovaco, aliado con el III Reich. Se inició precisamente aquí, en Banská Bystrica, y tras 2 meses de lucha, llegó a ser sofocado por el ejército alemán, aunque la guerrilla siguió combatiendo a los nazis hasta la entrada de Ejército Rojo en el año 1945.

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Aunque la tarde era apacible, el sol comenzaba a caer y decidimos cenar en el interior de un restaurante típico, una especie de bodega de techos abovedados de ladrillo. Terminada la cena todavía dimos un último paseo (que nos llevo a perdernos por el centro del pueblo) y ya definitivamente nos retiramos a dormir.

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MensajePublicado: Mar, 31 Ago 2021, 11:45 
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Etapa 7: Banská Bystrica – Poprad

Ruta del Imperio Austrohúngaro 2021

Nos levantamos en nuestro alojamiento en Banská Bystrica y comprobamos que no somos la única moto en la casa. 5 moteros eslovacos y una pareja húngara también habían pernoctado allí. Preguntamos a los húngaros, una pareja bien maja, por su destino, y nos responden que van a hacer una ruta muy clásica por aquellos lares, la vuelta a los Tatras. Se meten en territorio polaco hasta Zacopane y vuelven a Eslovaquia más al este, para llegar a Poprad, que sería también nuestro destino de este día.

Una vez despedidos de nuestros compañeros húngaros con su Suzuki V-Strom 650, nos pusimos en marcha también. El plan del día nos llevaria a subir hacia el norte, cruzando en Parque Nacional del Alto Tatra hasta la zona de Orava, donde visitaríamos su precioso castillo. Nada que ver con Bojnice, visto el día anterior.

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En este caso, si se trata de un castillo con aspecto medieval, enclavado en una alta roca de 112 metros de altura, que domina el valle recorrido por los rios Orava y Račová. Entre otros motivos, se hizo conocido porque el él se rodó Nosferatu, la primera película muda sobre vampiros rodada en 1922. La localización se utilizó para recrear el ficticio castillo de Orlok, en Transilvania, morada del vampiro.

Las primeras menciones al castillo datan del siglo XIII, como un lugar de diferentes fortificaciones de madera elevadas como defensa contra las invasiones mongolas. Fue evolucionando poco a poco hasta su actual compleja forma con diferentes niveles, en estilo neogótico, levantada por la familia Thurzo, propietaria de minas. Se finalizó en el siglo XVII y tras casi un siglo de tranquilidad terminó sufriendo un incendio que lo dejaría inservible como residencia de la familia propietaria. Tras eso, fue abandonado y finalmente reconstruido y declarado Monumento Nacional después de la Segunda Guerra Mundial.

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Dejamos el castillo a la hora de comer, y todos teníamos hambre, tanto nosotros dos como la moto (esta última sed, más bien). Decidimos reemprender la marcha y parar por el camino, en el primer lugar posible, pues en un lugar concurrido como estábamos pagaríamos más por menos, como es habitual. Y ahí es cuando el GPS, en su infinita sabiduría y don de la oportunidad, nos empieza dirigir por carreteras secundarias, pasando pueblos y colinas exuberantes de vida pero yermos de establecimientos de restauración o tan siquiera, de una triste gasolinera. Pero es paisaje es precioso, estamos vagando sin rumbo por la verdadera Eslovaquia, la de la gente de a pies con su vida cotidiana. Nos preocupa que la moto pueda pararse, pero seguro que alguien nos prestaría medio litro de gasolina para salir del entuerto. Afortunadamente no fue necesario. 30 kilómetros nos llevó salir de aquel laberinto de subidas, bajadas, curvas, prados, aldeas y bosques. Acabamos saliendo a una aldea muy concurrida, gracias a una piscina termal que pudimos divisar. Allí paramos en un establecimiento y dimos cuenta de una pizza, una ensalada, una cerveza normal y una 0,0 con limón. Puede sonar horrible, pero la cerveza sin alcohol aquí es mucho mejor que la nuestra, así que la combinación es buena, saca la sed y es una buena alternativa a la tolerancia 0 al alcohol entre conductores de la policía eslovaca.

A un par de kilómetros de donde habíamos comido repostamos y seguimos camino, esta vez en dirección sur. Abandonamos el Alto Tatra, cruzamos un llano y volvemos al Bajo. Empezamos a comprender la geografía de la zona: dos cadenas montañosas que discurre. De oeste a este, conectadas entre si por un amplio y fértil valle. Y nosotros vamos al valle de Demänovská, a visitar una cueva. Nuestra intención es visitad la Cueva de la Libertad, con sus 8 kilómetros de longitud, la más grande de Europa. Son las 3 de la tarde y a las 4 es la última visita, por lo que hemos de darnos prisa. Empezamos la ascensión por la abrupta ladera del monte y al poco preguntamos a una pareja si vamos bien. No, no vamos bien. Hemos tomado el camino de la Cueva de Hielo, y la de la Libertad está a unos 2 kilómetros de distancia. Sin embargo nos aconsejan seguir adelante. La de la Libertad son solo piedras, y en esta podremos además ver formaciones de hielo. En realidad, ambas cuevas forman parte del mismo sistema, que tiene más de 40 kilómetros de longitud que hayan sido descubiertos y cartografiados.

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Llegamos arriba con tiempo para recuperar el resuello por la pronunciada subida, compramos las entradas e iniciamos la visita guiada. Guiada es un decir, pues toda la explicación es en eslovaco, y lo más que alcanzamos a comprender fue stalaktit y stalagmit. Pasamos de 28 grados fuera, magnificados por la sudorosa escalada a tam solo 7º dentro. Nos van llevando por galerías espectaculares, algunas de ellas con más de 30 metros de altura. Descendemos un poco más y superamos los 32 metros por debajo del nivel de la entrada, donde empiezan a aparecer las primeras formaciones de hielo. La verdad es que resultan algo decepcionantes, pues nada tienen que ver con las cascadas de las fotos, pero es comprensible que hayan perdido volumen, pues estamos en pleno verano.

Antes de abandonar el valle y dirigirnos a nuestro alojamiento, subimos hasta la estación de esquí de Jasná, un complejo invernal que se nos antoja apetecible para un par de días en invierno combinándolo con otras estaciones de la zona. Y después del breve reconocimiento, ponemos ruedas en polvorosa hacia Poprad, lugar de nuestra próxima estancia y además durante varios días.

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En el lobby del hotel, una voz nos interpela en español. Se trata de Diego, un compañero del grupo de Facebook “Moto Viajes”, creado por el genial Fran Pardo como punto de reunión de motoviajeros, una afición que para él se ha convertido en un modo de vida. Lo cierto es que Diego y yo ya habíamos contactado antes y sabíamos de nuestra común estancia en el pueblo, pero la casualidad huzo además que estuviésemos en el mismo hotel. Lo que no alcanzo a comprender es cómo nos reconoció.. ah, vale! Esas malditas maletas… XDDD

Después de hacer el check-in, nos dejamos llevar al centro por Diego y Patricia, su pareja. Ellos llevaban más días allí y sabían que se celebraba una especie de fiesta local, con música en directo y puestos de comida callejera, donde cenamos. Después de cenar, unas cuantas cervezas hasta que el cierre de los locales nos invita a volver al hotel. Cepillado de dientes, un beso de buenas noches y a escribir la crónica diaria. Mañana será otro día.

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MensajePublicado: Mié, 22 Sep 2021, 13:26 
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Ruta del Imperio Austrohúngaro 2021

Tras las cena y cervezas del día anterior por la noche, Diego y Patricia nos invitaron a acompañarles en la actividad que tenían lrevista, en nuestro primer día de parada en Poprad.

Por profesión y por afición, Diego es un avezado montañero, con amplia experiencia en el monte. Ellos tenían previsto recorrer uno de los cañones del Parque Nacional Paraíso Eslovaco, que era una actividad que entraba en nuestros planes, así que aceptamos encantados la invitación.

El Parque Nacional Paraíso Eslovaco (Národny Park Slovensky Raj) es un paraje protegido de los Montes Metálicos, otro sistema montañoso de la cordillera de los Cárpatos. Se encuentra en la región de Špis, y encierra un enorme sistema kárstico, de subsuelo calizo totalmente horadado por la erosión, como si de un queso Gruyére se tratase. En algunas partes, el karst ha colapsado o ha sido totalmente erosionado por las corrientes de agua en la superficie, formando infinidad de cañones y barrancos. Poco a poco, estos cañones se han ido haciendo practicables mediante plataformas, escaleras y sencillas vías ferratas, que permiten ascenderlos a contracorriente.

Sonó el despertador, nos vestimos, bajamos a desayunar los 4 juntos y salimos todos juntos en el coche que Diego y Patricia tenían alquilado hacia nuestro destino, a poco más de 15 kilometros del hotel. El punto de entrada al parque era el camping de Podlesok. Aunque la ruta mas típica es la garganta de la cascada Suchá Belá, Diego ha elegido el cañón Prielóm Hornadu. Empezamos sendereando por un camino, torcemos a la izquierda por una vereda que cruza una finca y ya nos encontramos en el bosque. Al poco nos encontramos con una bajada al río, cruzamos un puente y pagamos el fee de entrada (realmente lo paga Diego, que nos invita amablemente). La primera parte, paralela a la parte más caudalosa del rio, transcurre por pasarelas, que terminan según nos internamos en el bosque.

La senda por el bosque se vuelve un poco traicionera por momentos. Ha llovido días atrás, y continuamente nos encontramos con tramos enfangados, que con un calzado no demasiado técnico, nos cuesta algún resbalón de vez en cuando. Sin embargo, según va os remontando, el terreno se vuelve más abrupto y empezamos a encontrar escalones de hierro anclados a la piedra e incluso pasarelas suspendidas sobre el río, bajo desplomes en la roca, que obligan a las primeras posturas acrobáticas. Cuando el terreno se vuelve ya demasiado abrupto, aparecen pasamanos e cadenas para asegurarse durante el paso. Y así vamos progresando hasta la primera escalera.

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Remontaos la primera cascada y ahora la senda ha desaparecido. La progresión sigue por el lecho del riachuelo, donde las zapatillas y sandalias que hemos traído se muestran ideales. Hace calor, pero el ambiente es refrescante, y así seguimos cauce arriba, superando más cascadas con escaleras y pasos de vía ferrata. Finalmente el curso del rio se aparta, entramos de nuevo a una zona boscosa y de ahí a un prado desde el que accede ls a Klašotirsko, la zona turística del parque.

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He os terminado el cañón y toca reponer fuerzas. Nos hemos traído un par de bocadillos del buffet de desayuno, además del jamón español y queso ahumado eslovaco que transportaban Diego y Patricia. Un matrimonio suizo nos hace sitio en la mesa (les recompensamos ofreciéndoles jamón y queso) y vamos a por bebidas. No podían faltar unas buenas cervezas eslovacas, pero aprovechamos para pedir y probar la Kofola.

Kofola es el refresco de cola de la época comunista del país. Durante la permanencia de Checoslovaquia tras el Telón de Acero, si bien era posible conseguir Coca-Cola y Pepsi en el país, su precio era absolutamente desorbitado, lo que las hacía inaccesibles. Entre tanto, la compañía cafetera del estado tenía problemas para deshacerse del Kofo, un jarabe pardo y viscoso, obtenido como subproducto del tueste del café, y con alto contenido en cafeína. Así que tras varios experimentos, dieron con una fórmula para fabricar su propio refresco de cola a partir de aquel jarabe y lo bautizaron como Kofola.

Su concentración de cafeína era de unos 250mg/l, una auténtica barbaridad. Pero su sabor y aspecto hacían furor, y se convirtió en un éxito. Años después, su receta fue reformulada y la licencia comprada por la compañía Santa Nápoje, que ha conseguido que su bebida sea el tercer refresco más vendido, tras los originales yankees. Presumen de tener un 30% menos de azúcar que la Coca-Cola y no usar ácido fosfórico en su receta. Lo cierto es que se ve a gente piediéndola continuamente, incluso en jarras de medio litro, pues los bares la sirven a través de grifos como los de la cerveza. Su sabor no es malo, algo más ácido que el refresco al que estamos acostumbrados, y con un ligero aroma anisado. Pero es bebible, e incluso diría que menos empalagoso.

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Repuestas las fuerzas toca volver al coche. Optamos por alquilar unas bicis de montaña para recorrer los 6 kilómetros de bajada hasta el coche. Lo que empezó siendo unas risas terminó en un incordio. Unas bicicletas pésimas, sin cambio de desarrollos, suspensión delantera ineficiente, frenos inservibles y unos manillares extrañamente recortados para hacerlos estrechos nos fueron torturando todo el camino de regreso. Afortunadamente no hubo incidencias, las devolvimos en el punto de entrega y tomamos la última cerveza de la tarde para celebrar que estábamos ilesos.

Volvimos al hotel para cambiarnos e ir acenar a un restaurante al que Diego tenía echado el ojo: el Salaš Slavkov, en la carretera de subida a los Tatras. Todo un acierto: buena comida regional y una magnífica atención. Con el cuerpo reparado después de la actividad del día, ya solo quedaba darnos un pequeño capricho: unos helados del quisco de al lado del hotel… a 0,50€ la bola! Y además, deliciosos, por haber sido hechos en el día, en lugar de congelados. La máquina heladera a la vista era la prueba palpable.

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Ruta del Imperio Austrohúngaro 2021

Desayunamos con Diego y Patricia, que se van, via Cracovia. Ha sido un auténtico lujo contar con alguien tan experimentado en el monte y conocedor de la zona para la excursión de ayer, y el pundonor de Diego es encomiable, a la vista del matrecho estado de su rodilla. Amigo, te deseamos que to próxima operación y posterior recuperación salga de 10!

Decidimos acercarnos a la estación de esquí de Tatranská Lomnica, abierta para actividades de verano. Nada más llegar, alucinamos con lo que veíamos: parkings llenos y coche estacionándose ya en la carretera. Y mas tarde comprendimos que es normal. La variedad de actividades para hacer es muy amplia. La estación abre una cabina hasta la zona intermedia, donde se coge otra hasta la zona superior. Desde allí se puede elegir pentre una telesilla hasta la parte más alta del área esquiable o un teleférico hasta la cima, conde hay un observatorio astronómico.

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Unos optaban por subir en remontes mecánicos, y otros caminando por sendas abiertas entre las pistas. Arriba se encontraban abiertos diferentes establecimientos de restauración y había sendas para pasear, desde una llana que rodea la laguna glaciar que hay en esa altura como las más exigentes de escalada que suben al pico. Y para bajar, más de lo mismo. Desde los que bajaban caminando o en bicicleta, a los que lo hacían en cabina, bien fuese hasta el parking o hasta la estación intermedia, donde se podían alquilar patinetes o triciclos para llegar hasta abajo por un camino asfaltado. Elegimos los últimos, y nos echamos unas buenas risas con lo que parecía un Mario Kart en toda regla!

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La verdad es que los responsables de la estación han tenido un gran éxito desestacionalizándola, y bien podrían aprender de ellos algunos de los nuestros…

Nos pusimos a echar cuentas, y en nuestro plan inicial, habíamos planteado visitar Levoca y el castillo de Špis el mismo dia que la caminata por el Paraíso esloveno. Craso error, no nos habría dado tiempo. Pero hoy si era el día, y podríamos hacerlo. Así que nos pusimos en camino, en primer lugar hacia Levoča.

Levoča es una villa del oriente de Eslovaquia, con un casco histórico Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Inicialmente, se había declarado el Castillo de Spiš, que se amplió al propio pueblo, y finalmente a toda la comarca, que incluye a Levoča. Se la considera como la capital de los sajones de Špis, una comunidad de origen germánico que repobló aquella zona tras la expulsión de los tártaros, que habían arrebatado, a su vez, el territorio a los eslavos.

En el casco urbano del pueblo destaca su plaza mayor, con un precioso ayuntamiento del siglo XV y la iglesia de San Jacobo (Santiago) de estilo gótico a su lado, cuya profusa ir ornamentación se contrapone con la austeridad de la iglesia protestante que se encuentra en el otro extremo de la plaza. Rodeando este espacio central, casas burguesas del medievo completan el encanto de este pueblo.

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Después de un buen helado, nos dirigimos a la última visita el día: el Castillo de Spiš. Según nos vamos acercando, empezamos a divisarlo. Es enorme, blanco, vigilante sobre un promontorio de roca. Aparcamos y la señora de la taquilla nos advierte que son 30 minutos de caminata, asi que mejor demos la vuelta y vayamos al otro parking, que son solo 5. Le hacemos caso, agradeciendo el consejo.

Cogemos la entrada con visita al museo, donde se exhiben toda clase de artilugios y escenas de la vida medieval en un castillo, desde el aseo personal a aspectos tan macabros como la cámara de torturas. Data del siglo XII, cuando coronando una roca que domina el pueblo de Spišské Podhradie se levantó un castillo románico sobre el emplazamiento de uno primitivo de madera. Tras pasar por manos de los reyes húngaros y posteriormente de familias nobles, sufrió sucesivas ampliaciones, hasta que en el siglo XVIII fue arrasado por un incendio. No fue ya hasta mediados del siglo XX que se iniciaron las labores de reconstrucción que le llevaron a convertirse en Monumento Nacional primero y Patrimonio de la Humanidad posteriormente.

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Terminada la visita, hicimos unas tomas con el dron para algún posible edit de video y regresamos a Poprad. Decidimos volver “carretereando por la Eslovaquia profunda”, hasta que un intenso aguacero nos caló hasta los mismos huesos. Ateridos de frío, tomamos el camino más directo al hotel para una buena ducha caliente y después salir a cenar algo por el pueblo.

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MensajePublicado: Mié, 22 Sep 2021, 13:34 
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Día de descanso: Poprad (y III)

Ruta del Imperio Austrohúngaro 2021

Lo de llamarlos “día de descanso” es una manera de hablar, porque no dejamos de hacer cosas. Pero es nuestro tercer día completo en Poprad, y todavía hay planes pendientes. Lo primero que haremos será coger la moto y trasladarnos a Červený Kláštor. En esta ocasión abandonamos los Tatra para irnos a otra cadena montañosa, la de los Montes Pieninos, otro subsistema de los Cárpatos situado a caballo entre Eslovaquia y Polonia, atravesados por el rio Dunajec, que hace de frontera entre los 2 países.

El primer motivo para visitar este lugar es el Monasterio Rojo, que da nombre al lugar. El monasterio fue fundado en el siglo XIV por un hombre, junto con otros 5, como pena por un delito de asesinato. Inicialmente estuvo ocupado por monjes de la Orden de los Cartujos, hasta que en el siglo XVI, el monasterio fue suprimido debido a la Reforma Protestante. En 1710 pasó a ser controlado por los Habsburgo como parte del Reino de Hungría, y volvió a ser ocupado por monjes, en esta ocasión, de la orden Camaldulense. Sin embargo, tan solo estarían allí 72 años, hasta que se decidió darle uso como residencia de nobles “jubilado”. El nombre de Monasterio Rojo proviene del color de las tejas de su cubierta.

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Una vez realizada la visita, fuimos al punto de encuentro de la otra actividad que habíamos reservado para el día: el descenso del río Dunajec en balsa. Casi ni tuvimos tiempo de cambiarnos, nuestro medio de transporte ya estaba listo cuando llegamos. Realmente no se lo podría llamar una balsa de troncos, como las que habíamos visto días antes en el río Orava. En esta ocasión se trataba de una plataforma de una especie de canoas unidas lateralmente. Al ser los últimos en llegar, nos acomodaron en la primera fila, como unos señores.

La balsa la controlan entre 2 hombres con sendas pértigas, uno a proa y otro a popa. El descenso es tranquilo, muy suave, pues no se trata de un río con rápidos. De vez en cuando hay alguna zona más movida, pero ni con esas llega a salpicar agua adentro, no como los pobres que bajaban en balsas de rafting con algún guía con ganas de vacilar… Al poco de salir, el río se adentra en una zona de gargantas que es lo más espectacular del recorrido. Uno de los guías se esfuerza en darnos explicaciones, y por más que le expliquemos que no entendemos ni palabra de eslovaco, él va a seguir a lo suyo, así que le dejamos darnos palique y asentimos.

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El recorrido dura una hora y media, y después viene el follón. El regreso ha de hacerse en autobús o en taxi, y solo las excursiones organizadas tienen el transporte de vuelta. Así que aprovechando la confusión, su escasomdominio del inglés y la nula idea de eslovaco de los turistas, hacen su agosto. A nosotros nos lía un taxista para llevarnos en su furgoneta junto a 4 alemanes y 3 eslovacos más, cascándonos 10€ por cabeza, por un recorrido de escasos 30 kilometros. 90€ para la saca y a buscar a 9 pardillos más, mientras nos deja en el embarcadero, donde decidimos parar un rato a almorzar, o casi merendar, que el hambre ya apretaba.

Vestidos y comidos, abandonamos los Pieniny y volvemos a los Tatra, en este caso para visitar un lago de nombre impronunciable: el Štrbské pleso. Parece que están peleados con las vocales, estos eslovacos… Se trata de un lago de origen glaciar, que por su altitud permanece congelado la mitad del año, pero ahora en verano se puede dar un apacible paseo en barca de remos o rodearlo a pie por un camino que sigue su contorno. El lugar se hizo popular a inicios del siglo XX, gracias a que el arquitecto Karól Mory, enamorado del lugar, construyó un segundo lago artificial, junto con un hotel de lujo con una flamante torre desde la que se tenían unas vistas excepcionales de todos los Montes Tatra. El resort se llamó Nové Štrbské Pleso, y el hotel fue de los primeros en tener iluminación eléctrica y calefacción central, para atraer a la alta sociedad de la época. Hoy en día la oferta hotelera ha crecido, además de ser un notable centro de deportes de invierno, con pistas de esquí y un trampolín de saltos, desde el que se puede hacer bungee jumping en verano. Incluso un tren de cremallera accede al lugar, que se puede tomar desde el mismo centro de Poprad.

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Lo único malo del lugar es que todo el aparcamiento está controlado por la empresa que tiene la concesión del parking de pago. Ni siquiera es posible aparcar en la calle si no es en presencia de un controlador, que obviamente, cobrará por hacerlo. De hecho, tras un primer intento de cobrarnos, nos estuvo persiguiendo por todo el pueblo en bicicleta, hasta que finalmente debió comprender que no íbamos a pagar de modo alguno, y nos dejó por imposibles.

Así que tras escaquearnos del parking, ver el lago y poco más, decidimos bajar de la montaña y parar a cenar de nuevo en Salaš Slavkov, que los haluška de la guarnición del primer día estaban de muerte y había decidido que esa sería mi despedida de Poprad.

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MensajePublicado: Mié, 22 Sep 2021, 13:52 
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Etapa 8: Poprad – Košice

Ruta del Imperio Austrohúngaro 2021

Después de 3 días en Poprad, había llegado el momento deponernos en marcha de nuevo. el destino sería Košice, la segunda ciudad más grande de Eslovaquia, aunque daríamos un rodeo para pasar por el pueblo de Bardejov.

La carretera nos llevaba de nuevo a noreste, hacia la frontera polaca. Carreteras como las habituales en Eslovaquia: por momentos de asfato impoluto, y en otros, totalmente parcheadas, pero muy amenas, con curvas suaves que evolucionan por un terreno plagado de colinas. Es agradable conducir por este país.

Habíamos leído sobre la existencia de iglesias de madera en Eslovaquia, y visto una ruta que las recorría todas, pero era bastante larga, llegando prácticamente a la frontera con Ucrania, y no queríamos hacer tantos kilómetros en un día. Además, ver algunas satisfaría nuestra curiosidad, pero verlas todas no tenía sentido para nosotros. Así que seleccionamos un par de ellas, las más cercanas a nuestra parada del día y nos fuimos a por ellas.

La primera iglesia que visitamos fue la de Krivé, una pequeña aldea a escasos 10 kilómetros de Bardejov. Y nos quedamos alucinados, pues no recordamos haber visto algo similar antes. Una pequeña iglesia, casi una capilla, totalmente recubierta de losetas de madera oscura se alzaba, al final de un camino, sobre uno colina, en medio de un cementerio. Cuando llegamos a la puerta, estaba abierta, y entramos. Enormes pilares y vigas de madera formaban también la estructura sencilla, compuesta de una antesala y una única nave. Al fondo, un retablo separaba la parte final de la iglesia. Era lo que parecía una estructura típica de una iglesia ortodoxa, con nartex (antesala) y un iconostasio que separaba la nave del santuario, al fondo del templo. Sin embargo, la presencia de un altar en la nave, dando la espalda al iconostasio, revelaba que se trataba de una templo de la iglesia católica griega. Eso, y que nos lo chivaba una locución en alemán que sonaba en la iglesia, probablemente a petición de 4 turistas que allí estaban, acompañados de una guía…

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Salimos a hacer unas tomas con el dron, y el chófer de los turistas alemanes nos dijo que si íbamos a Hervatov, les siguiésemos a no tardar mucho. Esas iglesias suelen permanecer cerradas, y es necesario concertar cita para visitarlas, así que podríamos aprovechar que ellos ya la habían pedido. Le hicimos caso, y les seguimos unos 10 minutos más tarde.

Hervatov quedaba a unos 7 kilómetros. Una aldea un poco más grande que Krivé, donde nos encontramos la iglesia en el centro del pueblo, sobre una pequeña loma flanqueada por 4 molinos de agua. El templo se encontraba semioculto desde el parking por un puñado de cipreses. Subimos a verla, y la guía de los turistas alemanes me ofreció unirnos a su explicación. Amablemente decliné la invitación, mi alemán no es lo suficientemente bueno como para seguir una explicación sobre arte medieval… En esta iglesia si cobraban una exigua entrada de 2€ por persona que pagamos gustosamente, y nos sorprendieron ofreciéndonos una guía explicativa en español. Así pudimos comprender las profusas pinturas que decoraban las paredes, desde la traición de Adán y Eva a una escena de la lucha de San Jorge contra el dragón, el calvario alzado sobre el presbiterio y que el altar gótico original había sido saqueado y llevado a Hungría, donde se halla expuesto. Incluso pudimos subir a la tribuna, donde se halla un pequeño órgano.

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Sin duda, habían sido una grata sorpresa las iglesias de madera. No en vano son otro bien cultural Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, al igual que el centro histórico de nuestra siguiente parada: Bardejov. Llegamos enseguida, no más de 10 minutos. Al llegar nos encontramos la muralla medieval y en el centro, sobresaliendo entre los tejados, un campanario. Allí nos teníamos que dirigir. Aparcamos la moto en cuanto pudimos, pues el centro es peatonal, y nos fuimos caminando. De repente, una enorme plaza rectangular se abrió ante nosotros, al fondo, dominándola, la iglesia gótica de San Gil, del siglo XV. En su interior contamos hasta 11 retablos góticos de los siglos XV y XVI expuestos; una auténtica maravilla. No accedimos a la torre, y salimos de nuevo a la plaza. Al lado de la iglesia yacen 2 campanas “jubiladas” por rotura.

En el centro de la plaza sobresale un único edificio, el ayuntamiento, finalizado a principios del siglo XVI. El espectacular conjunto lo completan todas las casas burguesas que rodean y cierran la plaza, unas en estilo gótico, otras renacentistas más tardías. Es fácil imaginarse el lugar bullicioso y lleno de gente los días de mercado, en plena edad media.

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Aprovechamos la hora y comimos en la misma plaza, antes de ponernos en disposición de acabar la etapa del día. Ahora ya solo nos quedaba enfilar dirección sur. Hora y media sin peajes, pasando por Presov, la tercera ciudad en importancia del país, nos llevaban directamente a Košice. A 20 kilómetros del final nos sorprendía la lluvia, no demasiado intensa, que no llegaría a calarnos. Nos fuimos directos al hotel a cambiarnos para visitar el centro de la ciudad, que nos habían recomendado Diego y Patricia.

Una nueva sorpresa. Una nueva plaza de estructura medieval, enorme, marca el centro de la ciudad. Al fondo, la catedral gótica de Santa Isabel destaca sobre todas las demás edificaciones. En realidad, lo que destaca es su campanario exento, la Torre de San Urbano. Entramos a visitarla. Una indicación dice que la puerta que habíamos encontrado era para los fieles, y los turistas deberían acceder por otra lateral, pero a nosotros nos valía esa misma y entramos. Si salimos por la de los turistas, y nos encontramos con otro templo, la Capilla de San Miguel, que ejercía las funciones de iglesia funeral, pues el parque que se halla a su lado era un camposanto.

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Desandamos la plaza. En el lugar donde se encontraba el antiguo ayuntamiento, hoy día se alza el Teatro Nacional de Košice, de estilo neo-barroco, por lo tanto mucho más tardío (s. XVIII). Justo al lado encontramos otro monumento para nosotros: The Beer House. Nos instalamos en la terraza, pedimos una pizza y dejamos que poco a poco, y entre cervezas, los restos del día se fuesen escurriendo.

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